Alargamiento de pene
Feb 8th, 2010 by juanjo
Ni siquiera me había dicho su nombre antes de comenzar a tocarme el paquete con su mano izquierda. Lo recuerdo bien porque ella estaba sentada en un taburete justo a mi derecha, bebiendo whisky con hielo, y fumando tabaco negro. El olor del tabaco negro es inconfundible. La mujer ni siquiera era bonita, pero yo por aquella época no estaba para cosas hermosas. Llevaba una semana haciendo ejercicios para el pene y tomando pastillas para el pene, así que tampoco era cuestión de dejar escapar la oportunidad.
Dejé que me magreara un rato, mientras apuraba mi cerveza. La noche era larga, y no hacía falta acabarla antes de tiempo. Ella continuó el sobeteo mientras yo, indiferente, permanecía casi impasible, sentado en mi taburete, con mi cerveza de trigo, y mi cigarro rubio. A pesar de todo, aquello tenía vida propia, y se puso enorme, o lo que yo entonces creía que era enorme. Ella no debía pensar lo mismo, porque apartó su mano. Parecía muy enfadada.
- Joder, tío. ¿Qué mierda es eso que tienes entre las piernas? - me dijo.
- Coño, tía. ¿Qué crees que es? Además, qué mierdas dices. Eres tú la que te has puesto a sobarme la polla como si fuera tu jodido chulo.
- Tío, que te jodan bien jodido, ¿sabes? Con esa puñetera mierda no me vas a follar ni en sueños. Necesitas un alargamiento de pene para enfrentarte a mí.
- Que te den, zorra. - La muy jodida me había amargado la noche. Me tomé mi cerveza de un trago, le dejé un billete a Joe en la barra, y me fui a mi casa. Pero antes pasaría por un par de bares más. Como ya he dicho, la noche era larga.
