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Es curioso ver cómo las hormigas colaboran entre ellas para llevar comida al hormiguero… y si ellas colaboran, digo yo, ¿por qué no nosotros?

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Es que estoy leyendo

Veo, no sin cierta nostalgia, que el número de páginas, entradas o “posts”, como gusten ustedes, de este “blog”, bitácora o diario, también lo dejo a su gusto, ha bajado de manera drástica en los últimos meses. No es que no quiera escribir, nada más lejos de la realidad. Es que, sin saber muy bien por qué, no aparecen las ideas.

Por lo que sé, y por lo que he hablado con otros escritores, remunerados como tal o no, esto suele ocurrir. Son fases, épocas. Sobre todo si no te dedicas a escribir de forma profesional. Porque no todos los días puedes inventarte un relato en media hora, ni todos los días tienes media hora para inventarte un relato. Porque escribir, además de ser un arte, es un trabajo. Y no hablo de dinero. Hablo de horas delante del teclado, generando páginas y páginas de historias, tiempo dedicado a las letras, a los relatos que formas con ellas, a los giros, las formas y demás.

A veces, ser trivial funciona. Para escribir hay que escribir. Simple, fácil y efectivo. Pero, y esto más importante aún, para escribir hay que leer. Y mucho. Y por eso no estoy nervioso, porque yo ahora no escribo, pero leo. No dejo de leer. Voy de un género a otro, de una época a otra, ávido de palabras, empapando mi mente con la palabra de otros que escribieron antes que yo, y mucho mejor. Y, amigo mío, es, con diferencia, lo mejor que hago cada día.

Cada palabra, cada frase, cada página, es como un bocado delicioso, de un manjar exquisito que nunca quieres dejar de probar. Tal vez alguien se pregunte por qué no escribo tanto estos días. Yo le respondo:  es que estoy leyendo.

Un par de fotografías de un bonito atardecer en Cádiz. Espero que os gusten.




Anochecer en cádiz




Al mar

ETA esclaviza a Euskadi

No quería publicar nada en mi blog durante estos días, pero ante los hechos no puede uno callarse. Esta mañana, la banda de cobardes asesinos con la que tenemos la mala suerte de contar en este país nuestro, ha vuelto a hablar en su propio idioma. En su locuaz discurso se han llevado por delante una vida. Faltaba más. No saben hacer otra cosa.

Esa banda mafiosa, inculta y sin sentido, sigue pensando que lucha por un fin, por la libertad de un País Vasco que sólo es esclavo de sus bombas, de sus balas. Tan ciegos están que no saben ver la realidad: que son ellos, con su miedo, su mafia, su extorsión y sus asesinatos, los que esclavizan Euskadi. Son ellos con su incultura, su brutalidad y su tan barata (y tan desgraciadamente cara) imitación del fascismo los que ponen los grilletes al pueblo vasco. Es su brutal cobardía la que aísla una tierra tan bonita.

Tal vez es verdad que Euskadi no es libre. Euskadi sólo será libre cuando el último de los asesinos que manchan su nombre, acabe con sus huesos en la cárcel. Ese día, seguro, el País Vasco gritará orgulloso su libertad.

Lo que son las cosas

Ni que decir tiene que aquí cada uno cuenta la feria como le va en ella. Unos dicen que lo peor de la crisis ya ha pasado, y otros que no, que estamos de mierda hasta el cuello (me van a disculpar el lenguaje, pero es lo que toca), y que de esta no nos salva ni San Pito Pato.

El caso es que las noticias son, cuanto menos, desconcertantes. Ajústense las gafas o lentillas (ojalá no las necesiten), y vean las dos primeras noticias de portada de elmundo.es a eso de las 13:45h de hoy …

La primera habla de que lo peor ya ha pasado. La segunda de quinientos ochenta y un despidos. Supongo que para el más de medio millar de trabajadores de Nissan, lo peor está aún por llegar … Y es que, repito, aquí cada uno cuenta la feria como le va en ella.

No había pasado ni la primera semana en la universidad, cuando supo que ella sería la chica de su vida. Se enamoró con locura el primer día que la vio, y pocos días después todos sus pensamientos giraban alrededor de ella. Pasó todos aquellos años, más de los que debiera, cerca de Bea, entre libros, apuntes, botellines y partidas de mus. Nunca se declaró. Más bien al contrario, fue su confidente particular.

Durante los cinco años que estudiaron juntos, Luis no tuvo otro remedio que escuchar, una detrás de otra, todas las historias de amor y sexo que Bea le contaba, aguantando el tipo como podía, y ahogando en más de una ocasión sus palabras entre cervezas y chupitos de whisky. Así se las arreglaban los hombres como él, pensaba. La verdad, cuentan, es que así se las arregla casi cualquier persona, como él o no, aunque eso todavía no lo sabía.

Años después de titularse, aún se seguían viendo, por supuesto con menos frecuencia que antes. Pero la justa para mantener una relación de amistad que a Luis le hubiera encantado que fuera de otro tipo. Debió ser una noche, de esas en las que una cerveza se convierte en una borrachera de las que hacen historia, y mientras que Bea le hablaba de su último ligue, cuando Luis decidió que aquella era su última oportunidad. En su cabeza sólo se dibujaba la imagen de los dos besándose apasionados, o la de Bea cayendo lócamente enamorada de él, en sus brazos.

Inténtalo, se decía a sí mismo. Si te dice que sí, ganarás el amor de tu vida. Si te dice que no, por lo menos te irás a casa sabiendo que lo intentaste todo hasta el final. Ahora o nunca. Ahora o nunca… En su cabeza sólo sonaban estas frases, cuando Luis giró la cabeza, miró a Bea, y abrazando su cintura con delicadeza, besó sus labios.

Por supuesto, Bea no tardó demasiado en apartarse de Luis. Le miró de hito en hito, y, sin mediar palabra, se dio media vuelta y se marchó. Antes de alejarse del todo, Bea se giró hacia Luis y, con una mirada heladora, mientras negaba con la cabeza, dijo: “No Luis, no. No entiendes nada, joder”. Pasaría mucho tiempo antes de que Luis y Bea se volvieran a ver.

Por la cabeza de Luis pasaron muchas ideas aquellos días. Tal vez el comportamiento de Bea había sido en exceso duro, o demasiado exagerado. Lo que estaba claro es que haberlo intentado ya no era el consuelo que creía que iba a ser. “Por lo menos lo intenté”, se decía … y se sonreía a sí mismo con desprecio, sabiendo que aquello no era más que una bonita frase hecha, una sentencia que más parecía sacada de un libro de auto ayuda que de la vida real.

Espera

Como cada día, durante los últimos tres años, Eva mira de reojo el reloj de la pared mientras friega con esmero el suelo del bar. Tiene ganas de salir de aquel tugurio de mala muerte. Su chico debe estar a punto de llegar, y no quiere hacerle esperar. Da los últimos retoques con la fregona, y la deja dentro del cubo, junto a la puerta. Observa el suelo brillante. A pesar de odiar aquel antro, sigue poniendo el mismo empeño que pusiera años atrás, cuando empezó a trabajar de camarera. Cierra la puerta al salir. Es una suerte que el jefe le confiara las llaves. Eso le da bastante libertad. Enciende un cigarrillo, y se sienta en el escalón de la entrada a esperar a su novio.

Dos horas después de cerrar, Eva sigue sentada sobre el mismo escalón, las manos metidas en los bolsillos de la chaqueta, intentando calentarse un poco. No parece alterada por la espera. Quizá está acostumbrada. Media hora más tarde, se levanta lentamente, y camina por la oscura calle solitaria hacia su casa. No vive lejos.

Desde un balcón cercano, como cada noche desde hace tres años, Marcos la observa a través de los barrotes. Ya no se pregunta a quién espera esa mujer desde hace tres años. No necesita preguntárselo. Hace tiempo que lo sabe, y hace tiempo que sabe que nadie acudirá nunca a esa cita.

Una imagen vale más que mil palabras, dicen por ahí. Esta que aquí os dejo es un recorte de portada del periódico generalista, elmundo.es.

recorte portada elmundo.es 27 de mayo

recorte portada elmundo.es 27 de mayo

Da igual que sea este, o cualquier otro periódico. Esto es lo que hay. Hoy hay fútbol, señores. Fútbol del bueno, de alto nivel. Y el resto no importa. Nada es noticia tan importante como el Barcelona-Manchester de esta noche. No importan los 23 muertos del atentado, o Corea del Norte “jugando” con sus armas nucleares. Hoy es Cristiano contra Messi. Y lo demás no importa.

Está claro, lo que vende, vende.

Por no mencionar lo contentos que andan unos con su equipo, y lo enfadados que andan otros. Que hasta parece lo más importante de nuestras vidas que la dichosa pelotita de marras entre en la portería, o no. Que bueno está lo bueno, pero el extremo cansa. Y es que, como dirían por ahí, qué cansinos sois …

Un comentario

Suelo husmear a menudo las portadas de los periódicos deportivos, por si hay alguna novedad de la que deba enterarme, y participar de una forma activa en los cafés de trabajo. Así funciona esto. De paso, me sirve para enterarme de si mis apuestas (sí, apuesto) han ido bien, mal o peor.

Lo más divertido no son las noticias, sino lo comentarios. Hoy, me ha llamado la atención un comentario (el primero que adorna la noticia) único, uno de esos que corroboran mi teoría del punto que nos define.

El comentario.

Puedo comprender, porque a todos nos pasa, ciertas faltas de ortografía. Repito, a todos nos pasa, y al que no se le vaya la mano nunca, que tire la primera piedra. Pero esto, señores, pasa de castaño oscuro. ¿Seguro que vamos por el buen camino?

El brillante comentarista no sólo comete faltas atroces, sino que demuestra la más vergonzosa incapacidad para expresar una idea que he visto en tiempos. Ni que decir tiene que no es necesario es un Pérez-Reverte, ni nadie parecido, pero esto …

Fotos : Jávea

Ya que no de palabras, porque últimamente ando más enfrascado en leer que en escribir, os dejo aquí unas cuantas fotos de Jávea … recomendado ;)











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